Mis lecturas y sus reflexiones I
Eso es algo que ya esperaba. Pero lo que quizás sí me ha chocado es cómo se ha modificado mi actitud ante muchas cuestiones cotidianas que antes no tenían la menor importancia. Por ejemplo, con la lectura.
Porque desde que existe Pablo en mi vida soy incapaz de leer ninguna cosa sin plantearme cómo pueden afectarle esas frases o qué pensamiento pasará por su cabeza si lee ese libro. Y a veces, se me va -literalmente- la olla, olvido qué estoy leyendo y tengo que parar la marejada de mi cabeza para no terminar desvariando. ¿Por qué? Porque mis hijos son negros, pero viven en una sociedad creada por y para los blancos. Una sociedad en la que existen muchos clichés acerca de las razas. Ideas estereotipadas que saltan continuamente a los libros y que casi siempre reflejan un sentimiento de superioridad sobre las razas no blancas. Ideas que apenas están enmascaradas pero que pasan desapercibidas porque poca gente tiene incentivos para cuestionarlas. Excepto si tienes una sensibilidad ad hoc, como es la que ahora parezco tener yo. Ahora.
Pero volviendo a la lectura. Esta sociedad tan racial -¡y menudo si lo es!- es a la que ahora pertenecen mis hijos.
Es cierto que no siempre podré protegerlos, y más o menos intento asumir esa idea y las consecuencias que implican. Pero a un nivel más reducido, sí hay algunas decisiones a mi alcance. Por ejemplo. ¿Dejo ciertos libros en mi biblioteca o los hago desaparecer al menos hasta que pasen una parte de la adolescencia? También puedo guiarlos por la lectura, pero esto no daría resultado. Siempre he pensado que un buen hábito de lectura sólo puede aparecer por iniciativa propia. Tienen que acercarse a la biblioteca por si solos y descubrir qué historias les interesa más. Así que vuelvo a la pregunta: ¿dejo ciertos libros o los dono a Cáritas?
Por ejemplo, así pasa con el género "negro" Y es que lo de los colores tiene mucha, mucha miga. Porque ¡vaya por Dios!, los libros donde el bien y el mal pueden llegar a mezclarse son novelas "negras", igual que los nubarrones que amenazan lluvia y nos hacen correr al salir de clase -yo he empezado a hablar de "nubes grises"-, y así unas cuantas cosas más que suelen llevar aparejadas percepciones negativas.
Pero centrándonos en esta clase de libros. Veamos, para empezar, los libros de misterio del Padre Brown escritos por el converso G. K. Chesterton. Siempre me gustaron mucho. Sencillos de leer, amenos, con argumentos muy bien construidos y escritura correcta. Y con afirmaciones memorables que muchos otros autores de misterio han hecho suyas (como la invisibilidad del mayordomo cuando la amiga pregunta quién hay en casa, o su sorpresiva aparición cuando es el médico el que hace la misma pregunta ¿alguien reconoce de qué hablo?; a mi siempre me pareció genial. Pero el autor es fiel a su época y al convencimiento de la inferioridad de los negros africanos. Y esa mentalidad se refleja varias veces en sus novelas. Con mucha naturalidad, eso sí.
O una de las últimas lecturas, también del género de detectives (para mí, que apenas conozco el percal, todas las de misterio están en este saco, aunque su "negrura" sea muy distinta): El camino blanco, de John Connolly. La acción se sitúa en un entorno muy racista que, además, se describe con bastante crudeza. El protagonista es prácticamente un vidente que va degenerando con cada una de las entregas de la serie (serie que lo hace también, en el sentido literario). La sigo porque me resulta difícil dejar de hacerlo. Ocurre que me encapricho con los personajes. Tiene dos amigos gays y delincuentes, el más peligroso de los cuáles va vestido como un dandy y es un negro asesino -pero, por lo visto, buena gente porque sólo asesina a quien se lo
merece (esto plantearías otra objeción, pero mejor lo dejamos para otro momento ¿vale?)-. El autor en realidad intenta transmitir la sensación de que no todo es negro o blanco, sino gris (esto de los colores me va a llevar de cabeza al psiquiátrico ... Pablo ya ha empezado a hablar del lápiz color piel, me lo pidió y yo le di el marrón oscuro, a lo cuál es respondió con un montón de carcajadas ¿?).La trama de esa entrega gira en torno a una venganza por el asesinato de un negro a manos de unos ciudadanos "de bien", que no pueden tolerar que un chico negro se rebele. Aunque sea justamente. El libro esta bien escrito, es entretenido, el ambiente en el que se sitúa la acción es muy apropiado (un estado rural y racista de la USA profunda), y todas las descripciones están justificadas en la trama o en los personajes. Creo que satisface a los lectores con una buena porción de ambiente oscuro e intrigante, aunque en mi opinión no llega al nivel de "El poder de las tinieblas", porque a estas alturas les falta un pasito muy pequeño para desviarse hacia el género fantástico o de ficción, que personalmente no me gusta nada (como conviertan a Charlie Parker en un angel caído, creo que voy a tirar los libros y se acabó el problema).
Pero en cualquier caso, que el libro sea correcto no ha resultado suficiente para mí. Mientras lo leía, me resultaba difícil disfrutarlo sin más. No podía dejar de pensar en mis hijos y en lo que sentirían al leerlo. Las otras entregas de la serie hubieran estado graciosas desde su punto de vista porque el asesino negro es uno de los personajes más racionales de la novela. Algo que, a propósito, suele pasar con frecuencia en las series norteamericanas, donde los "jefes" son negros y muy serios, y donde, curiosamente, el papel de juez suele recaer en un negro (el de juez especialmente, pero también el de ministro, con especial hincapié en el de responsable máximo de defensa tras el presidente, el de comisario o el de cualquier otra autoridad). Supongo que para compensar la realidad e intentar atraerse a cierta audiencia. Pero como iba diciendo, este libro plantea si el tema y el exceso con el que se trata no me obligan a "controlar" qué leen mis hijos.
Y la verdad es que el solo hecho de planteármelo no me gusta nada. Ideológicamente estoy en contra de cualquier censura literaria. Salvo que el libro lo merezca porque esté mal escrito y esté justificado proteger la inteligencia o la sintaxis de mis hijos. Por ahí no paso. Además, cualquier totalitarismo, cualquier exceso histórico, suele estar relacionado con una quema de libros. Ni siquiera de personas. De libros. Porque son un símbolo del pensamiento humano que quizás sea de lo poco libre que nos queda. Y sin embargo .... tengo libros en casa que ¿pueden herir a mis hijos? Supongo que todo se reduce a esta pregunta.
La respuesta puede ser fácil, pero por otro lado tarde o temprano tendrán que aprender qué es el racismo y deberán enfrentarse a él. Quizás se vuelvan susceptibles o quizás sen mejores que yo y consigan leerlos con la distancia que da el conocimiento. El saber que ese ambiente no es el suyo, que EEUU no tiene nada que ver con dónde viven ellos, y que sus problemas serán otros, aunque en algún momento puedan coincidir.
O sea, repito, se me va la olla. Porque, como me diría una persona sensible, (pero no susceptible como yo, se entiende), esas cosas "apenas tienen importancia, salvo cuando se la das tú". Pues estamos listos. Porque esta es la situación a la que yo ahora empiezo a enfrentarme casi mensualmente. A los ojos de esas "personas sensibles" me he convertido en un ser, digamos, susceptible. Y quizás esté a un paso de pasar a ser una mujer conflictiva (espero que no histérica, porque eso debe de ser lo "pior"; tengo mucho cuidado en no perder nunca la compostura).
En fin, que algo así es lo que pueden llegar a hacerme sentir los no padres o los padres de niños "paisajísticos" (aquellos que se confunden con el paisaje y por lo tanto, no llaman tanto la atención ... -me niego a llamarlos normales como si los míos no lo fuesen-). Así las cosas incluso me han insinuado que puedo convertirme en una mujer pesada, que cree conflictos al dar importancia a cosas que no la tienen. El hecho de que yo discrepe de esa valoración no parece tenerse en cuenta. Pero en fin. Cambio y corto. Mensaje recibido.
Vuelvo a la literatura ... ¿qué hago? Mi sentido común me dice que nada. Que tire los libros malos, que deje los otros porque mis hijos solo los abrirán a la edad en que estén preparados, que pasarán muchos años antes de que decidan que merece la pena leer algo que no tenga dibujos, que para entonces, ya habrán pasado muchas experiencias chocantes y tendrán alguna idea propia. Y sin embargo, sigo dudando.
Pero como soy un "culo de mal asiento" (ahí, Ana ha salido a mi, y encima me dobla), he tomado una decisión para compensar (¿qué? ¿mi mala conciencia? ¿el racismo artificial de novelas inventadas aunque "nada de lo que dicen tiene reflejo en la realidad y es mera coincidencia"? ¿la perdiz que mareo este mes?), ...... (Continuará)








