miércoles 18 de noviembre de 2009

Mis lecturas y sus reflexiones I

Yo no soy la misma desde que tengo conmigo a mis hijos. Algo que resulta evidente para cualquier observador lógico porque si toda experiencia profunda puede cambiar a una persona, mucho más lo tenía que hacer la maternidad. Así que yo ya no pienso igual, no me muevo igual, y tampoco actúo igual que cuando no tenía a mis hijos conmigo.

Eso es algo que ya esperaba. Pero lo que quizás sí me ha chocado es cómo se ha modificado mi actitud ante muchas cuestiones cotidianas que antes no tenían la menor importancia. Por ejemplo, con la lectura.

Porque desde que existe Pablo en mi vida soy incapaz de leer ninguna cosa sin plantearme cómo pueden afectarle esas frases o qué pensamiento pasará por su cabeza si lee ese libro. Y a veces, se me va -literalmente- la olla, olvido qué estoy leyendo y tengo que parar la marejada de mi cabeza para no terminar desvariando. ¿Por qué? Porque mis hijos son negros, pero viven en una sociedad creada por y para los blancos. Una sociedad en la que existen muchos clichés acerca de las razas. Ideas estereotipadas que saltan continuamente a los libros y que casi siempre reflejan un sentimiento de superioridad sobre las razas no blancas. Ideas que apenas están enmascaradas pero que pasan desapercibidas porque poca gente tiene incentivos para cuestionarlas. Excepto si tienes una sensibilidad ad hoc, como es la que ahora parezco tener yo. Ahora.

Pero volviendo a la lectura. Esta sociedad tan racial -¡y menudo si lo es!- es a la que ahora pertenecen mis hijos.

Es cierto que no siempre podré protegerlos, y más o menos intento asumir esa idea y las consecuencias que implican. Pero a un nivel más reducido, sí hay algunas decisiones a mi alcance. Por ejemplo. ¿Dejo ciertos libros en mi biblioteca o los hago desaparecer al menos hasta que pasen una parte de la adolescencia? También puedo guiarlos por la lectura, pero esto no daría resultado. Siempre he pensado que un buen hábito de lectura sólo puede aparecer por iniciativa propia. Tienen que acercarse a la biblioteca por si solos y descubrir qué historias les interesa más. Así que vuelvo a la pregunta: ¿dejo ciertos libros o los dono a Cáritas?

Por ejemplo, así pasa con el género "negro" Y es que lo de los colores tiene mucha, mucha miga. Porque ¡vaya por Dios!, los libros donde el bien y el mal pueden llegar a mezclarse son novelas "negras", igual que los nubarrones que amenazan lluvia y nos hacen correr al salir de clase -yo he empezado a hablar de "nubes grises"-, y así unas cuantas cosas más que suelen llevar aparejadas percepciones negativas.

Pero centrándonos en esta clase de libros. Veamos, para empezar, los libros de misterio del Padre Brown escritos por el converso G. K. Chesterton. Siempre me gustaron mucho. Sencillos de leer, amenos, con argumentos muy bien construidos y escritura correcta. Y con afirmaciones memorables que muchos otros autores de misterio han hecho suyas (como la invisibilidad del mayordomo cuando la amiga pregunta quién hay en casa, o su sorpresiva aparición cuando es el médico el que hace la misma pregunta ¿alguien reconoce de qué hablo?; a mi siempre me pareció genial. Pero el autor es fiel a su época y al convencimiento de la inferioridad de los negros africanos. Y esa mentalidad se refleja varias veces en sus novelas. Con mucha naturalidad, eso sí.

O una de las últimas lecturas, también del género de detectives (para mí, que apenas conozco el percal, todas las de misterio están en este saco, aunque su "negrura" sea muy distinta): El camino blanco, de John Connolly. La acción se sitúa en un entorno muy racista que, además, se describe con bastante crudeza. El protagonista es prácticamente un vidente que va degenerando con cada una de las entregas de la serie (serie que lo hace también, en el sentido literario). La sigo porque me resulta difícil dejar de hacerlo. Ocurre que me encapricho con los personajes. Tiene dos amigos gays y delincuentes, el más peligroso de los cuáles va vestido como un dandy y es un negro asesino -pero, por lo visto, buena gente porque sólo asesina a quien se lo merece (esto plantearías otra objeción, pero mejor lo dejamos para otro momento ¿vale?)-. El autor en realidad intenta transmitir la sensación de que no todo es negro o blanco, sino gris (esto de los colores me va a llevar de cabeza al psiquiátrico ... Pablo ya ha empezado a hablar del lápiz color piel, me lo pidió y yo le di el marrón oscuro, a lo cuál es respondió con un montón de carcajadas ¿?).

La trama de esa entrega gira en torno a una venganza por el asesinato de un negro a manos de unos ciudadanos "de bien", que no pueden tolerar que un chico negro se rebele. Aunque sea justamente. El libro esta bien escrito, es entretenido, el ambiente en el que se sitúa la acción es muy apropiado (un estado rural y racista de la USA profunda), y todas las descripciones están justificadas en la trama o en los personajes. Creo que satisface a los lectores con una buena porción de ambiente oscuro e intrigante, aunque en mi opinión no llega al nivel de "El poder de las tinieblas", porque a estas alturas les falta un pasito muy pequeño para desviarse hacia el género fantástico o de ficción, que personalmente no me gusta nada (como conviertan a Charlie Parker en un angel caído, creo que voy a tirar los libros y se acabó el problema).

Pero en cualquier caso, que el libro sea correcto no ha resultado suficiente para mí. Mientras lo leía, me resultaba difícil disfrutarlo sin más. No podía dejar de pensar en mis hijos y en lo que sentirían al leerlo. Las otras entregas de la serie hubieran estado graciosas desde su punto de vista porque el asesino negro es uno de los personajes más racionales de la novela. Algo que, a propósito, suele pasar con frecuencia en las series norteamericanas, donde los "jefes" son negros y muy serios, y donde, curiosamente, el papel de juez suele recaer en un negro (el de juez especialmente, pero también el de ministro, con especial hincapié en el de responsable máximo de defensa tras el presidente, el de comisario o el de cualquier otra autoridad). Supongo que para compensar la realidad e intentar atraerse a cierta audiencia. Pero como iba diciendo, este libro plantea si el tema y el exceso con el que se trata no me obligan a "controlar" qué leen mis hijos.

Y la verdad es que el solo hecho de planteármelo no me gusta nada. Ideológicamente estoy en contra de cualquier censura literaria. Salvo que el libro lo merezca porque esté mal escrito y esté justificado proteger la inteligencia o la sintaxis de mis hijos. Por ahí no paso. Además, cualquier totalitarismo, cualquier exceso histórico, suele estar relacionado con una quema de libros. Ni siquiera de personas. De libros. Porque son un símbolo del pensamiento humano que quizás sea de lo poco libre que nos queda. Y sin embargo .... tengo libros en casa que ¿pueden herir a mis hijos? Supongo que todo se reduce a esta pregunta.

La respuesta puede ser fácil, pero por otro lado tarde o temprano tendrán que aprender qué es el racismo y deberán enfrentarse a él. Quizás se vuelvan susceptibles o quizás sen mejores que yo y consigan leerlos con la distancia que da el conocimiento. El saber que ese ambiente no es el suyo, que EEUU no tiene nada que ver con dónde viven ellos, y que sus problemas serán otros, aunque en algún momento puedan coincidir.

O sea, repito, se me va la olla. Porque, como me diría una persona sensible, (pero no susceptible como yo, se entiende), esas cosas "apenas tienen importancia, salvo cuando se la das tú". Pues estamos listos. Porque esta es la situación a la que yo ahora empiezo a enfrentarme casi mensualmente. A los ojos de esas "personas sensibles" me he convertido en un ser, digamos, susceptible. Y quizás esté a un paso de pasar a ser una mujer conflictiva (espero que no histérica, porque eso debe de ser lo "pior"; tengo mucho cuidado en no perder nunca la compostura).

En fin, que algo así es lo que pueden llegar a hacerme sentir los no padres o los padres de niños "paisajísticos" (aquellos que se confunden con el paisaje y por lo tanto, no llaman tanto la atención ... -me niego a llamarlos normales como si los míos no lo fuesen-). Así las cosas incluso me han insinuado que puedo convertirme en una mujer pesada, que cree conflictos al dar importancia a cosas que no la tienen. El hecho de que yo discrepe de esa valoración no parece tenerse en cuenta. Pero en fin. Cambio y corto. Mensaje recibido.

Vuelvo a la literatura ... ¿qué hago? Mi sentido común me dice que nada. Que tire los libros malos, que deje los otros porque mis hijos solo los abrirán a la edad en que estén preparados, que pasarán muchos años antes de que decidan que merece la pena leer algo que no tenga dibujos, que para entonces, ya habrán pasado muchas experiencias chocantes y tendrán alguna idea propia. Y sin embargo, sigo dudando.

Pero como soy un "culo de mal asiento" (ahí, Ana ha salido a mi, y encima me dobla), he tomado una decisión para compensar (¿qué? ¿mi mala conciencia? ¿el racismo artificial de novelas inventadas aunque "nada de lo que dicen tiene reflejo en la realidad y es mera coincidencia"? ¿la perdiz que mareo este mes?), ...... (Continuará)

lunes 9 de noviembre de 2009

Cosas por las que merece la pena ser padres III - Halloween

Olvidé contarlo

Celebramos Halloween con buenos amigos. Nos vestimos, nos pintamos, juntamos un grupito de peques con edades similares. Dejamos aparcada la vergüenza en el salón, y salimos a la calle, a llamar a las puertas de vecinos y conocidos. Y a asustarlos

Daba gusto ver cómo los peques asumían el rol. Empezaban a "asustar" nada más abrir una puerta, y luego, decidían tan campantes, que tenían que entrar hasta la cocina a por galletas. Porque lo de los chuches no pudo ser. Nadie podía preverlo y fue una verdadera sorpresa. Pero poca gente pudo resistirse al grupo tan encantador que llamaba a su puerta. Y para convenceros, aquí tenéis la prueba. Como es difícil identificarlos (al menos en opinión de mi hijo), pues os aclararé que el vampiro es Pablo y que Ana va vestida de la Terrible Hada Arlequina.

Una tarde genial. Gracias compañera. Nos hizo mucho bien.

Y mucho ánimo. B.

lunes 26 de octubre de 2009

Pablo Pan

El sábado fue un día especial para Pablo. Fuimos a su primer musical: Peter Pan. Íbamos a acompañarlo su padre y yo, pero al final, el papi se tuvo que quedar en casa con un gripazo monumental y Pablo eligió a la tita Leo como sustituta.

Nos encantó y le gustó mucho a Pablo.

Lo primero que le ha contado a su profesora esta mañana es que tenía polvo de hadas en el pelo y que no se lo podía quitar. Le entusiasmó, aunque estaba tieso de miedo al terminar la obra. Y es que Peter Pan es un espectáculo infantil, pero su ritmo es el de cualquier otro gran musical. No es frenético desde el principio, sino que va aumentando con la historia. Yo situaría la edad recomendada para asistir sobre los 5 años (siempre depende de la madurez del niño, claro). Se trata de una obra con dos lecturas: una para los niños y otra para sus padres. Es un espectáculo irónico también destinado a los adultos, a aquellos que se niegan a crecer y a responsabilizarse de algo fuera de su propio bienestar.

El Teatro La Latina estaba hasta los topes y dos tercios eran niños, muchos de ellos parecían forofos de Peter Pan a juzgar por cómo acompañaban los cánticos (¡y escuché mucho inglés! Había muchos asistentes que eran más pequeños que Pablo. Y todos aguantaron encantados las casi dos horas que dura la obra. La apoteosis final llegó con todo el mundo puesto de pie cantando y bailando. Y no sé si lo hicieron más los mayores o los pequeños.

Personalmente me gustó. Mucho. Me sorprendió la escenografía, los impresionantes números musicales, la calidad de las voces. Además, conozco la historia y sé que ha sido uno de los pocos musicales españoles que se ha atrevido a actuar en Londres ¡y encima con una historia tan inglesa como ésta! Y con gran éxito.




A Pablo le hicieron abrir la boca las luces del principio, se le hizo un pelín pesada la parte inicial hasta que Peter Pan y los niños llegaron al país de Nunca Jamás, se rió mucho con Mr. Smee, se le encogió el corazón cuando creyó que Peter Pan había muerto y le cogió un gran pánico a los piratas. Tanto, que me pasé unos 20 minutos intentando convencerlo de que no nos íbamos de la sala y que los piratas no iban a hacernos nada.

Pero no me creyó mucho. Yo sabía que Mr Smee iba a bromear con Pablo, así que intenté entretenerlo y quitarle el miedo a los piratas. Y lo conseguí con los indios. Respiró cuando vio que Peter Pan estaba bien y que los indios iban a ayudarlo. ¡Dios, cómo se metió en la historia!

Pero lo de Mr Smee se nos aguó. Iba a ser una sorpresa y además le iban a cantar cumpleaños feliz ... pero Pablo lo vio antes. Se dió cuenta de que Mr Smee se estaba situando detrás de nosotros y cuando constató que venía a por él, casi se le salen los ojos de sus órbitas. Se aferró con uñas al asiento (y soy testigo de que el pelo del que estaba sentado ante nosotros lo notó), y el malo de Mr. Smee tuvo que renunciar y buscar a otro candidato.

Luego, intentamos arreglarlo. Pero ni la simpatía de la Sra. Darling (y feliz directora de la obra), ni la mismísima Peter Pan con su polvo de hadas logró que Pablo bajase su muro defensivo. Hasta que no vio a Mr. Smee fuera del personaje se negó a reconocerlo. En fin ....

Y es que Pablo tiene una historia algo ambivalente con esto de Peter Pan. Al poco tiempo de empezar el cole el año pasado vino a casa diciendo muy serio que él no podía ser el Capitán Garfio, porque era blanco y él, negro. Desde entonces, su interés por este cuento se enfrió bastante.

Aunque creo que la cosa cambiará a partir de ahora. Lo del sábado le impresionó mucho. Ya veremos.

¡Ah! y totalmente recomendable. Si veis a Mr. Smee, saludadlo de parte de Pablo. Seguro que os hará caso.

Besos. Blanca

viernes 16 de octubre de 2009

Preocupaciones vitales

Este verano, a mi hijo Pablo le han preocupado ciertas cosas. Cosas de mayores. En concreto, le han preocupado "las novias". Y los bebés.

Bueno, en realidad tiene una serie de preocupaciones conectadas con ese tema. Una de las más importantes es la misma que tiene cualquier economista que se precie: la escasez de recursos y la necesidad de no malgastarlos y asignarlos debidamente. Así de inteligente es mi hijo.

Porque, "mamá ¿se acaban las novias?", "quiero decir, cuando yo sea mayor ¿todavía habrá novias?" Esta pregunta -exacta o en sus variaciones- ha sido un proyectil de máximo asalto este verano, tanto para su padre como para mí. Mi compi ha decidido cortar de raíz tales reflexiones asegurándole que las novias abundarán todavía cuando él sea mayor, mientras que yo (no lo puedo evitar) le he dado mecha, indagando acerca del origen de semejante preocupación. Incluso he metido la pata. Alguien me dijo allá por mayo que una niña de su clase iba diciendo que era la novia de Pablo. Y, sin pararme a pensarlo, le he preguntado si no la tenía ya a ella. Pablo podía haber ignorado esta situación ¿verdad? Pues no, Pablo sí lo sabía, era consciente de que ella podía ser su novia, pero con una lógica imbatible me aclaró que tal arreglo resultaba imposible. La chica le había empujado en el patio, y claro, él no iba a tener una novia que le empujara a uno de buenas a primeras. A mi objeción de que eso podía haber sucedido jugando (objeción absurda, tal y como revelaron sus ojos), Pablo se dignó a contestarme "¡aún así, mami! ¡aún así! ¡si me empuja es que no me quiere!". Y dio el tema por zanjado ante mi absoluto desconcierto y adoración.

Pero la cosa no termina ahí.

La segunda de sus preocupaciones es que tendrá que hacer niños con sus novias. Así que este verano me comentó en más de una ocasión, justo cuando estaba haciendo sus necesidades líquidas, y con una cara de gran esfuerzo: "¡ya va mamá! ¡ya los niños salen casi!". Y claro, aparte de atragantarme, yo no sé si reír, si esforzarme en no darme por enterada, o si acordarme de que hace muchos días que no pongo la lavadora. En cualquier caso, tengo que darme la vuelta para ocultar la cara de póker y alelamiento que se me pone sin que mi voluntad intervenga. Uff ¡pero si hace pocos días que ha cumplido 4 añitos y yo estoy hablando de este verano!

Supongo que la culpa de las inquietudes la tienen los niños mayores de la piscina, pero vamos .... la edad media ronda los 5 años.

La última de las novedades al respecto es que ha sentido la necesidad de decirme que, por ahora, va aparcar la realización de sus proyectos. Nos gusta jugar con las agujas de pino: cada uno tira de un extremo y el que se queda el vértice hace realidad su deseo. Ganó y me hizo saber lo que había deseado: ser mayor (¡ay, ay, ay!) y quedarse por siempre en nuestra casa. Así que aproveché y le pregunté por las novias. Me respondió: "bueno, no sé mami, ya veremos" ... y pillín, se fue a otra cosa. ¡Ah, no! Si piensa meterme en casa a una maroma, ¡va apañado! (Al menos no me soltó, como el hijo de unos conocidos, "mami, cuando yo sea mayor ¿papá y tú dónde vais a vivir?")

La última de las novedades al respecto es de hace pocos días. Me dijo algo precioso (abundan cuando le hago perritos calientes, todo hay que decirlo), y le contesté que él era mi cariñito. Me preguntó "¿soy tu novio?"
"Pues claro"
"Pues no, mami, tú no puedes tener novios"
" Y eso ¿por qué?"
"Porque ya te has vestido de novia una vez, que he visto la foto, y solo lo puedes hacer una vez"

Pues vaya ....

viernes 2 de octubre de 2009

Etiopía y Ardi

No podía ser de otra forma. El nuevo hallazgo antropológico en Etiopía es la noticia del día en todos los periódicos (v. El País, El Mundo).

Ya sabíamos que la madre de la humanidad, Lucy, era etíope. Y ahora nos dicen que también lo era la abuela. Así que, mientras otro descubrimiento no aporte nuevos datos, el país en el que nacieron nuestros hijos es el mismo en el que, probablemente, apareció la especie humana. Su primer hogar. Lo que convierte a nuestros hijos en humanos "¿originales?". Fuera bromas, me encanta esta noticia.

Hace un par de años que mencioné en un post llamado "Semejanzas y Sangre" que el parentesco entre mi hijo y yo era considerable. Bastante más grande del que podemos imaginar gracias al alto porcentaje de coincidencia en el ADN de todos los hombres (y mujeres, que diría alguien). Y que me llenaba de orgullo (un poco tonto, supongo) que el fósil más antiguo que se había encontrado procediera de esta tierra mitológica.

Ahora, estoy doblemente contenta.

Etiopía es noticia por algo muy agradable: un avance científico. ¡Me encanta!

B.


PD: Y he aquí, a mi tatatatatata.............. abuela. Que también es la tatatatatatata....... abuela de mis dos hijos negros. Como vuelvan a preguntarme si somos familia, ya tengo a mano la mejor de las contestaciones: "¡¡Por supuesto!!"

PD: Por cierto, esta semana murió Lucy, la entonces compañera de guardería del hijo de John Lennon y cuya vida fue una doble inspiración: para la canción de los Beatles "Lucy in the Sky with Diamonds", y por decisión de sus admiradores, para los maravillosos huesos etíopes que permiten hablar de Africa como la cuna de la humanidad.

lunes 21 de septiembre de 2009

Vacaciones en familia (II)

Cuando era pequeña (¿hace tanto tiempo?), cada momento de mi vida tenía una banda sonora. Esa tendencia mía me avergonzaba un poco, lo reconozco. Sobre todo desde que vi una serie cómica de la televisión americana en donde la melodía de inicio retrataba a todos los personajes, y se presentaba a la tonta e ingenua matriarca -que nunca se daba cuenta de nada- con estas palabras: "ella le pondría una banda sonora a la vida". ¡Vaya!

Hace ya mucho tiempo que no intento relacionar algún momento de mi vida con una melodía concreta. Pero este verano pasó eso mismo sin que yo tuviera conciencia de estar haciéndolo.

Estaba preparando un video sobre los días que siguieron a nuestra vuelta de Etiopía y al encuentro de mis hijos con familiares y amigos. Entonces, elegí una foto para el menú introductorio, elegí una música y tuve la sensación de que se trataba de una elección singular. Yo no creo en el destino, pero si algo de eso existe, podría decir que ambos elementos, foto y música, estaban predestinados. Encajaban.

Creo que opté por "Resistiré" del Dúo Dinámico porque la tenía en la cabeza. Este verano, una empresa utilizó en su publicidad una versión de esa melodía y acertó porque la canción es pegadiza y conocida aunque el grupo pertenezca a la generación de nuestros padres. Y además, tenía la original en un recopilatorio que nos regalaron.

La foto me emociona porque refleja muy bien cómo se han tomado mis hijos la ampliación de la familia. Pablo, protector, celosín, aunque no demasiado, asustado porque comprende de dónde vino y con una emoción contenida porque ha llegado su hermana. Ana, sorprendida aún de lo que le está ocurriendo, y recelosa excepto cuando está amparada por su hermano. Ambos, confiados y decididos a hacer frente a la vida; aunque sea solos. El encaje de estas dos piezas del puzzle ha sido tan perfecto que su padre y yo asistimos asombrados a ese pacto tácito. Y reconozco que también un poco mosqueados porque nosotros sólo estamos cerca de ese vínculo. Todavía. Hay un lugar para nosotros, sí, pero solo como aditivos. Ellos dos son los elementos esenciales. Se tienen. Y se bastan. Y, ahora que están juntos, podrán con todo.

Esas son las impresiones que tengo cuando les veo buscarse continuamente. Esta es la foto de su verano. Y esta es su música. B.







Os pongo la letra del estribillo (¡sí, lo reconozco, me he abandonado a la sensiblería! ¡¡¡¡Pero de verdad que con la música mejora muchooooooo!!!!!):

Resistiré, erguido frente a todo
Me volveré de hierro para endurecer la piel
Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte
soy como el junco que se dobla
pero siempre sigue en pié.

Resistiré, para seguir viviendo
Soportaré los golpes y jamás me rendiré
Y aunque los sueños se me rompan en pedazos
Resistiré, Resistiré...

martes 15 de septiembre de 2009

¡¡Quiero rutina!!

Por fin.

Llegó el día C.

O sea, el día 14 de septiembre. El bendito, maravilloso y santo día 14 de septiembre.

¡Empieza el cole!

Pablo ya estaba hasta las narices de estar en casa, vernos agobiados haciendo malabarismos para que siempre esté acompañado, palpar el nerviosismo por la tensión de escaparnos del trabajo para estar con él, jugar solo casi siempre, y ver "Clan" en la tele (no tengo cable y no voy a ceder).

Y digo ver "Clan", porque con las demás cadenas televisivas no se puede contar. Especialmente los fines de semana. La "A3" pone películas de mayores en la sobremesa (de terror, violencia o sexo, o de todo a la vez, que no le falte de nada), y películas infantiles y recomendables a las 22:00 de la "tarde" según ellos (bueno, el reloj de esta cadena siempre marca media hora más, así que a las 22:30 plus). Y en las demás, lo mismo, aunque en menor medida. ¡¿Dónde están aquellas películas de Tarzán, de piratas, o de fantasmas?!

Con el "Clan" puedo estar algo más tranquila. Bueno, más o menos. Me gusta "Lazy Town" y a mis dos hijos también. Buen invento, éste, tan finlandés. Y eso que al principio me pareció algo tonto. Pero es empezar la serie y Pablo y Ana empiezan a correr, saltar y bailar (les encanta casi tanto o más que el logrado anuncio de "Evax" ....¡mi madre! si me hubieran dicho antes que me iba a gustar un anuncio de compresas, habría pensado que alguien había perdido la chaveta definitivamente).

En cambio, odio "Iron Kid" por violento, tengo sentimientos encontrados frente a "Lyoko", no me gusta nada la serie de las sirenas princesas porque creo que pervierten la inocencia demasiado pronto (es una serie para niños, no para adolescentes, pero se pasan todo el tiempo hablando de enamoramientos desde una perspectiva clásica de "princesita espera a su príncipe azul y esa es la finalidad de mi vida" y "¡ay Dios! que me stá mirando"), y he empezado a rechazar la serie de la prehistoria cuyo nombre ya no recuerdo, por retrógrada. El otro día, la niña se quejó de que las mujeres limpiasen las cuevas y los hombres fuesen de caza. Intercambiaron los papeles ... ¡y la moraleja de la serie fue que la cosa estaba mejor al principio y que todo cambio en esta distribución de roles era peor! Realmente, aluciné. ¿Dónde está el Ministerio de la "semigualdad" cuando se le reclama para cosas verdaderamente importantes?

Intento darle preferencia a los videos, antes que a la tele. Pero Pablo ya tiene un criterio muy definido sobre lo que quiere ver y hemos entrado en la "Era de la Negociación". Temible época que a mí, antes, (o sea, hace siglos, en otra época de mi vida, o mejor, en otra vida), me hacía mirar despectivamente a los padres "débiles" que cedían. Pues en eso, como en todo, yo no tengo nada nuevo que aportar, salvo tragarme mis bravatas y caminar por la misma senda que miles de padres antes que yo. ¡Temibles negociadores son estos peques! Al final he comprendido que hay que "hablar", como dicen estos psicólogos modernos que creen haber descubierto el paraíso renombrando las cosas. Es una negociación, y punto. Una negociación despiadada y cruel para lo que no te prepara ninguna experiencia en el mundo laboral. ¡Es tremenda! Y puedes darte con un canto en los dientes si sales vencedora en un 40% de las confrontaciones.

Pero volviendo al tema de este post. ¡Empezó el cole!
Por fin hay horarios, rutina, organización, menos tiempos muertos, más previsión para el tiempo libre y aprovechamiento. Amigos, deberes, y obligaciones. Y sobre todo, ¡¡tiempo!!

¡¡Bienvenido Sr. Lunes!! Y que dure mucho la semana. Que quiero descansar en mi despacho. A ver si consigo recargar las pilas al 100% y empezar el fin de semana con fuerza. Por fin.

Lástima que anoche estuviéramos tan cansados y todavía no tengamos canguro. Habríamos salido a celebrarlo ... bueno, si es que todavía me acuerdo de cómo se hacía eso y no nos han cambiado los restaurantes desde la última vez que pudimos salir. Hace siglos, creo.

Y para que estas líneas no suenen demasiado mal, tengo que decir que a Pablo le ha encantado volver al cole.

Ayer, antes de entrar, me dijo un par de veces que quería regresar a casa. Puro miedo escénico. Esta mañana fue mi hijo quien me metió prisa a mí. Por cierto, que la anécdota del día de ayer no tiene desperdicio. Mi hijo es un "bienmandao", así que, aunque yo ya le había puesto los calzoncillos, obedeció a mi madre (que ha aparecido por arte de magia cuando empieza el cole ¿?) y ¿que hizo? ponerse unos segundos encima. Cuando le pregunté por la noche, me dijo tranquilamente que yo siempre le digo que tiene que ser obediente ..... y claro, me dejó sin palabras.

En cuanto a Ana, hace una semana que va a la guardería. Y aunque ha dejado solito a su hermano estos días, la verdad es que la casa -y los muebles, los cojines, el suelo, mis libros, su biberón y, especialmente, los zapatos-, lo han agradecido. Siempre es de agradecer que te den un respiro en medio de la tortura, supongo. Y el silencio de la casa era una novedad. Todavía me pregunto de qué nos quejábamos con un solo niño. Ahora ya estoy convencida de algo que sabéis muchos y que yo dudaba, infeliz de mí: que 1+1 no es igual a 2.

Ana va a la guarde de su hermano y están encantados con ella. La esperaban con los brazos abiertos y le reservaron el mismo símbolo que tuvo su hermano. Ya desde el primer día, la niña se adaptó (según me dijeron, llamaba a su cuidadora a voces a partir de las pocas horas de conocerla), así que al día siguiente empezó con la jornada completa. Aunque yo empiezo a estar mosca y a sospechar que algún día van a raptarla. Cada vez que voy a recogerla, todas las cuidadoras, directora incluida, me dicen la misma frase"¡Ay! Blanca, ¡¡No sabes la hija que tienes!!" ¿?¿?¿?

Claro que ya hemos tenido el primer problema: la comida. Creo que no lo he dicho, pero Ana trae un comportamiento "especial" con la comida que yo estoy convencida que adquirió en la ECAI. Es capaz de no parar de comer. Ve comida y llora, y si llega la hora de comer y empieza a tener algo de hambre, el desconsuelo es tal, que todavía no comprendo cómo la policía no ha venido alertada por los vecinos. Debía de estar obligada a tener esa conducta para que se acordasen de ella entre tanta saturación de bebés más pequeños que hubo en la agencia (llegaron a juntarse unos 38 durante sus largos meses, con muy pocas cuidadoras). Sé que este comportamiento es típico de los niños que han estado institucionalizados por largo tiempo, pero yo no me lo esperaba en la ECAI pagada por nosotros. En fin.

El caso es que en la guardería le dan su comida, un puré, pero como ellos dicen, se le van los ojos detrás de la comida de los mayores que naturalmente, es más rica (¡vas a comparar un puré con unos espaguetis!). Así que se pone a hacer monerías, las cuidadoras ceden y ella come ... otra vez.
Como anécdota es graciosa, pero ya he tenido que exigir que le den un solo plato (y una sola merienda). Me da igual si es el puré de su clase (¡y menudos platos!) o la comida de los mayores. Ella ya comía sólido en casa. Pero una. Mi hija es un saquito sin fondo en lo que respecta a la comida.

Por lo demás, está en una clase de niños de su edad, con su misma altura y apariencia, pero que apenas son capaces de ponerse de pie y dar sus primeros pasos. Al menos, los niños que he visto hasta ahora. Ella, en cambio, ya era capaz de andar cuando la recogimos el último día de febrero (imposible conseguir información de la ECAI sobre cuándo empezó). Es más, entiende todo y se está lanzando a hablar. O sea, hay un mundo de diferencia con sus compis.

Así que se va con los mayores, con los que se siente mejor. Estos, sin embargo, marcan su territorio, aunque la han aceptado más o menos (las dos clases están comunicadas). Pero como dice la directora, mi hija es vasca y le da igual la actitud de los demás. ¿Le quitan un juguete? Va a por otro. ¿Le dan? Pues flemáticamente se levanta y se larga a otro sitio y pasa a otra cosa mariposa ... Le da todo igual, excepto en un aspecto. Al segundo día de guardería cogió bajo su protección a una niña menor que ella. Y si alguien se mete con esa niña, Ana va, la coge de la mano y se la lleva. ¡Y se enfrenta al agresor que le saca dos cabezas!

Lo que más me gusta es que, por lo que me dicen, se parten con ella. Porque Ana va levantando el muro que la mantiene a salvo de los demás poco a poco (muy lentamente), dejando entrever su verdadero carácter. Muy risueño y alegre. Hasta ahora, solo reía cuando estaba con Pablo o si la hacías correr en los juegos "pilla-pilla". El resto del tiempo (si no está Pablo o no corre) su cara es una máscara que te mira con una inteligencia de anciana, seria y paralizada. Me gusta mucho que la guardería haya obrado ese efecto tan beneficioso sobre ella. El final del verano ya fue un punto de inflexión tras los duros meses de la baja maternal conmigo. Pero queda todavía para que se lance totalmente.

¿Qué edad tiene? La semana pasada hizo oficialmente 18 meses. El Dr. Markus le echaba hasta dos meses más.

Besos y ¡bienvenida, rutina!

Blanca

miércoles 29 de julio de 2009

Vacaciones en familia (I)

Las vacaciones van bien ... Bueno, más o menos.

Más, para ellos. Están totalmente revolucionados por la flexibilidad de horarios, la piscina, los animales (parte de nuestras vacaciones fueron 10 días en un hotel rural especialmente diseñado para familias con niños muy pequeños, con granja, huerto, piscina, salón de juegos, actividades manuales, merienda a las 5, minidisco dos días a la semana, bingo familiar y un buffet que tenía de todo). Eso y las horas largas jugando con los papis los han medio convencido de que el mundo entero ¡es suyo! Pero no seré yo quien los desilusione.

Y algo peor para los papis, que han perdido el apoyo de guarderías y colegios y que, durante unas semanas no tendrán la santa excusa del trabajo para evitar jugar a "ir a buscar al bebé a Etiopía" unas 5 veces mínimo al día. Por cierto que, para rebajar la tensión, he convencido a Pablo que en los aviones, los azafatos tienen que dar masajes a los papis que van a buscar a sus niños a Etiopía porque están muy nerviosos; mientras que su padre prefiere la opción de la comida on board y la alarga todo lo que puede porque si vuelve a casa con el bebé demasiado pronto (o sea, el mismo Pablo, al que le encanta jugar a todos los roles mientras nosotros solo desempeñamos uno), pues tendrá que empezar el juego de nuevo.

Por otro lado, el buffet del hotel nos ha demostrado que sí, que sí es posible comer en menos de 10 minutos sin vomitar ... al mismo tiempo que se vigila que: a) Ana no tire al agua del biberón al suelo, b) Pablo no juegue a las pedorretas en la mesa, c) Ana no aproveche un descuido para coger un cuchillo de no se sabe dónde porque podíamos jurar que los habíamos quitado todos de la mesa, d) Pablo no se haya escapado para darle la gamba a otra familia porque es "super-, mega-, extra-sociable de la muerte", mientras yo rezo para que el objetivo de sus preguntas sea receptivo y amable (por cierto, que mi hijo tiene técnicas innatas para entrarle a la gente en función de su sexo y edad, y comenzar una conversación que asusta ... tanto que ya le voy advirtiendo, con tres años, que no quiero maromas en casa); e) Ana no haya encontrado el momento de meter una mano entera (o mejor las dos) en la comida más pringosa que haya encima de la mesa; f) Pablo no se haya ido corriendo al servicio en una de sus numerosas emergencias regresión -que sigue y sigue-; g) Ana no se haya enfadado y se haya puesto a llorar con tanto teatro que todo el restaurante empiece a mirarnos como si le estuviéramos dando una paliza; h) Pablo no se haya escapado de aquel de nosotros al que nos tocó ir con él al servicio y vuelva con los pantalones ... o el décimo calzoncillo del día por los tobillos: i) Ana no haya encontrado otro cuchillo (no me preguntéis cómo pero le quito de las manos una media de 3 en cada comida); j) Pablo no se niegue a comer y empiece a hacer pucheros; k) Ana empiece a reclamar atención y que la cojan en brazos; l) la cocinera venga con Pablo de la mano que ha acudido en un momento a su lado ... sin que nos diéramos cuenta (por suerte, aprendieron a apartar sartener y otras cosas peligrosas de su camino); m) nosotros hayamos firmado el vino que, por supuesto, tampoco esta vez vamos a disfrutar, aunque continúemos pidiéndolo cabezones todos los días esperando que llegue un minuto de silencio; n) Ana, que es una esponjita, no esté intentando beber el vino como hace su mamá, pues ella hace todo lo que yo haga, desde tirar zapatos viejos a la basura (¡que importa que los que ella tire ya no estén viejos, si hace lo mismo que me vió hacer un día!), a meter todo lo que parezca un trapo en la lavadora (por suerte, ya he aprendido y jamás de los jamases se me ocurriría hacer algo delante de ella que pueda llegar a ser peligroso .. y creo que me estoy volviendo paranoica); ñ) que Ana no se haya dormido -de repente- sobre la mesa (y solo por suerte no sobre el plato de comida), atrayendo miradas reprobadoras sobre "esos padres tan poco cariñosos que agotan a sus hijos, no le dan a tiempo su comida y los dejan dormir en cualquier posición"); o) que empecemos a preocuparnos porque hemos perdido de vista a Pablo y no se le oye por ninguna parte (desde que apareció Ana no hemos tenido más remedio que soltarle un poco la cuerda, o morimos en el intento), y que aparezca dentro del carrito de los platos que lleva la camarera que los recoge ... intentando ligar con ella (y no exagero ni un poquito); p) que su padre y yo hayamos renunciado a tener el menor atisbo de conversacion, hartos ya de empezar la misma por enésima vez; q) que de repente empecemos a notar un olor horroroso procedente de la dormida Ana y haya que salir corriendo a la habitación; r) que Pablo empiece a llamar nuestra atención y lo haga con tanto ímpetu que parte de la comida de los platos acabe sobre la mesa; s) que o mi marido o yo perdamos la paciencia y nos salga una voz; t) que cada uno de nosotros se encargue de inmovilizar a uno de los dos (monoparentales, mi más sentido reconocimiento a los que tenéis dos o más, porque sé que os faltan manos); u) que los niños reclamen el postre todavía (¡ay Dios, que nos falta el postre todavía); v) que nosotros renunciemos por otro día a tomar el café de la tertulia (¿tomarlo así? mejor no, o acaba encima de la cabeza de alguno de los integrantes de la mesa); w) que todas las cocineras y camareras pasen por nuestra mesa a bromear o besar a nuestros niños porque, a pesar del jaleo que montan siempre, son adorables; y) que reunamos fuerzas para levantarnos y salir del comedor ante las miradas divertidas de las demás familias, encantadas de ver a alguien que está en más apuros todavía que ellos....... y z) que mi marido y yo decidamos que, al volver a casa, ¡estos dos no vuelven a comer con nosotros hasta dentro de al menos, 15 años!

Por todo lo demás, la cosa va bastante bien. Fieles al principio racional que exige no acaparar demasiado, nos habíamos marcado un único objetivo. Que nuestros dos hijos afiancen sus vínculo como hermanos. Y creo que podemos decir que está conseguido. De hecho, lo extraño ahora es creer que hubo un tiempo en que no pudo ser así. Que durante unos meses vivieron uno a espadas del otro, sin jugar, sin pelearse, sin cantar a gritos en el carrito del supermercado los dos de pie y gesticulando con los brazos en alto, cada uno más fuerte que el otro, y ante el bochorno de sus padres, especialmente cuando la canción tiene ingredientes tipo caca, pedo, pis ... (juro que Pablo no ha aprendido eso en casa), sin reirse juntos de cama a cuna cuando toca dormir, o sin entretenerse juntos por las mañanas en la cuna de Ana esperando que los papis se dignen a hacerles el desayuno. O si la ocasión se presta, sin alborotar toda la habitación (destrozarla no pueden porque he reducido el mobiliario al mínimo y casi no hay nada que destrozar ... por cierto, que no sabéis cómo me enternecen las fotos de las habitaciones que preparáis las primerizas para vuestros hijos ... yo hice lo mismo, antes de que el sentido práctico se me impusiera).
Y, en fin, las vacaciones, siguen .... Besos. B.