¿Y yo mami? ¿y yo?
Bueno, el tíulo no ofrece una idea cabal de lo que quiero transmitir: una sensación de sorpresa. No acabo de hacerme a la idea de la independencia que Pablo está alcanzando y de cómo deja de ser un bebé a pasos agigantados (en realidad, sigue con pañales ... pero todo llegará).
Se ha vuelto un pillín muy pícaro y en todo momento intenta llevarnos a su terreno ... con una sonrisa que derrite y unos ojitos brillantes y burlones frente a los que nos es imposible negarnos. Ha empezado a comprender que ¡puede mentirnos! Por ejemplo, ayer se negó a hacerse la foto de ¡la orla! ¿? según nos dijeron sus profesoras, pero anoche él nos aseguraba que "ya la´echo, mami, ya´stá", e intentaba convencernos de que no era necesario hacerla de nuevo. Todo eso con una mirada que desmentía totalmente sus palabras.
También ha empezado a exigir que lo tengamos en cuenta en todas nuestras acciones y que tiene derecho a participar en cualquier tarea que emprendamos.
Claro está que se trata de una ayuda bastante torpe. De hecho, teniéndolo al lado es prácticamente imposible hacer nada que requiera alguna dosis de complejidad. Más vale hacer esas cosas antes de que salga de la guardería, o luego, cuando se duerma (siempre que el cansacio nos permita una tregua). En cuanto a las tareas menores, su ejecución es variable: posibles pero con incidentes. Quizás por eso me estoy acostumbrando a poner la lavadora cuando duerme (en otro caso, puedo tardar bastante en hacerlo .... o sea, yo sacando la ropa del cesto de almacenaje y llevándola a la lavadora, mientras él, al mismo tiempo pero en sentido inverso, pues procede a sacarla de la lavadora y llevarla al cesto ... ). Y no puedo decirle nada porque se siente realmente ofendido. Me pone ojitos de cordero degollado y dice "¿y yo mami? ¿y yo?" Lo que en ese contexto quiere decir que él también tiene derecho a participar en la labor. ¡Lástima que cuando aprenda a hacerlo bien, ya no querrá!
Y esta extraña participación de su parte se repite prácticamente en todo.
Ahora mismo, para él no se trata tan solo de imitar, sino de participar, y sobre todo de ganar "batallas" frente a nosotros y de hacerlo por su sola voluntad. ¡Y algunas las gana! Por ejemplo, cuando hago una tortilla, él es el encargado de cascar los huevos (bueno, más bien de estrellarlos con la palma de la mano abierta en el plato ... ) porque he tenido que ceder ante su insistencia y nombrarlo "gran cascador de huevos de la república Ik. de mi casa". Es más, como vea una tortilla en cuya elaboración él no haya colaborado, la arma seguro (¡¡¿y yo mami?!! ¡¡¡¡y yo?!!!!!!).
O si estiro el edredón sobre mi cama, viene corriente al grito de guerra de "¿y yo mami? ¿y yo?".
Y así en todo. El resultado es que me río de las revistas de decoración que nos insisten en tener al menos un espacio con "glamour" y a salvo de los niños. ¿Qué glamour? Como no sea el de la decoración jugueteril y guarreril ..... ¿Por qué nadie me avisó en los foros, ya no sólo de que sería imposible peinarlo, sino de que su cabeza se iba a convertir en un surtidor de tierra y piedrecitas que son imposibles de quitar salvo rapándolo? Por cierto, que un día de éstos, lo hago, palabra. Para explicarme mejor diré que su juego favorito en el patio es coger la pala de arena .... y tirar el contenido hacia arriba, en vertical y sobre su cabeza. Como resultado, yo ya no sé si me han sustituido el parqué por gotelé o si a mi colchón le han salido granos.
Por otra parte, ahora estoy en proceso de compra de colchas y otros adminículos destinados a cubrir sofás, mesas y todo aquello que Pablo pueda pintar. Porque se ha aficionado a poner su mano sobre un papel (o sobre lo que se tercie) y a esbozar la silueta de su mano con una de falta de coordinación realmente tierna. La precisión deja mucho que desear, y los muebles que sirven de apoyo al papel se me están quejando.
¿Qué más? Pues hay más, mucho más .....
Conseguimos reformar el patio minúsculo que tenemos, quitar algo de cemento, poner piedra natural y construir algunas jardineras. ¡Y llegó la hora de plantar ! Y claro ..... el "¿y yo mami? ¿y yo?" no podía faltar. Le encanta. Imposible trabajar sin asumir por adelantado que el destrozo va a ser importante. Intentaré describirlo lo más gráficamente que pueda. Para empezar, yo suelo hacer un agujero en la tierra, .... seguida de Pablo que ha obtenido otra palita con su cantinela habitual como no podía ser de otro modo, y que va detrás de mi rellenando mis agujeros. Después, en ese agujero suelo poner un poco de abono y enraizador. En realidad, sólo pude conseguirlo en el primer intento plantador. A partir del segundo renuncié a ese orden .... porque me quedé sin ambas cosas que, explicablemente, pasaron a engrosar una maceta. Después, mi plan incluye coger con cuidado la planta de la maceta de plástico (tengo que reconocer que dos han optado por el suicidio inducido por mano etíope-española), la sitúo en el agujero y la relleno de tierra. Mejor dicho, con una mano me dedico a rellenar y con la otra a parar los intentos de Pablo de hacerlo él mismo con las 7 ó 9 extremidades que tiene. ¡Y lo consigue en cuanto me doy la vuelta! Como consecuencia, una planta fue asesinada al sufrir un tirón de un jardinero amateur y pequeñito que decidió que quería hacerlo él y que, por lo tanto, debía empezar de nuevo. Y por último viene lo mejor: el riego. En este asunto, mi hijo ha impuesto su voluntad. Él es el encargado de regar y no admite oposición ninguna.
Todo eso ocurrió este domingo ... y entre perder los nervios y aceptar ese estado de cosas con resignación, opté por esto último seguido de un baño familiar con espuma y sales. ¡Y por una venganza gozosa a las tres horas de agobio plantador en forma de guerra de cosquillas!
Besos
Mamá
Se ha vuelto un pillín muy pícaro y en todo momento intenta llevarnos a su terreno ... con una sonrisa que derrite y unos ojitos brillantes y burlones frente a los que nos es imposible negarnos. Ha empezado a comprender que ¡puede mentirnos! Por ejemplo, ayer se negó a hacerse la foto de ¡la orla! ¿? según nos dijeron sus profesoras, pero anoche él nos aseguraba que "ya la´echo, mami, ya´stá", e intentaba convencernos de que no era necesario hacerla de nuevo. Todo eso con una mirada que desmentía totalmente sus palabras.
También ha empezado a exigir que lo tengamos en cuenta en todas nuestras acciones y que tiene derecho a participar en cualquier tarea que emprendamos.
Claro está que se trata de una ayuda bastante torpe. De hecho, teniéndolo al lado es prácticamente imposible hacer nada que requiera alguna dosis de complejidad. Más vale hacer esas cosas antes de que salga de la guardería, o luego, cuando se duerma (siempre que el cansacio nos permita una tregua). En cuanto a las tareas menores, su ejecución es variable: posibles pero con incidentes. Quizás por eso me estoy acostumbrando a poner la lavadora cuando duerme (en otro caso, puedo tardar bastante en hacerlo .... o sea, yo sacando la ropa del cesto de almacenaje y llevándola a la lavadora, mientras él, al mismo tiempo pero en sentido inverso, pues procede a sacarla de la lavadora y llevarla al cesto ... ). Y no puedo decirle nada porque se siente realmente ofendido. Me pone ojitos de cordero degollado y dice "¿y yo mami? ¿y yo?" Lo que en ese contexto quiere decir que él también tiene derecho a participar en la labor. ¡Lástima que cuando aprenda a hacerlo bien, ya no querrá!
Y esta extraña participación de su parte se repite prácticamente en todo.
Ahora mismo, para él no se trata tan solo de imitar, sino de participar, y sobre todo de ganar "batallas" frente a nosotros y de hacerlo por su sola voluntad. ¡Y algunas las gana! Por ejemplo, cuando hago una tortilla, él es el encargado de cascar los huevos (bueno, más bien de estrellarlos con la palma de la mano abierta en el plato ... ) porque he tenido que ceder ante su insistencia y nombrarlo "gran cascador de huevos de la república Ik. de mi casa". Es más, como vea una tortilla en cuya elaboración él no haya colaborado, la arma seguro (¡¡¿y yo mami?!! ¡¡¡¡y yo?!!!!!!).
O si estiro el edredón sobre mi cama, viene corriente al grito de guerra de "¿y yo mami? ¿y yo?".
Y así en todo. El resultado es que me río de las revistas de decoración que nos insisten en tener al menos un espacio con "glamour" y a salvo de los niños. ¿Qué glamour? Como no sea el de la decoración jugueteril y guarreril ..... ¿Por qué nadie me avisó en los foros, ya no sólo de que sería imposible peinarlo, sino de que su cabeza se iba a convertir en un surtidor de tierra y piedrecitas que son imposibles de quitar salvo rapándolo? Por cierto, que un día de éstos, lo hago, palabra. Para explicarme mejor diré que su juego favorito en el patio es coger la pala de arena .... y tirar el contenido hacia arriba, en vertical y sobre su cabeza. Como resultado, yo ya no sé si me han sustituido el parqué por gotelé o si a mi colchón le han salido granos.
Por otra parte, ahora estoy en proceso de compra de colchas y otros adminículos destinados a cubrir sofás, mesas y todo aquello que Pablo pueda pintar. Porque se ha aficionado a poner su mano sobre un papel (o sobre lo que se tercie) y a esbozar la silueta de su mano con una de falta de coordinación realmente tierna. La precisión deja mucho que desear, y los muebles que sirven de apoyo al papel se me están quejando.
¿Qué más? Pues hay más, mucho más .....
Conseguimos reformar el patio minúsculo que tenemos, quitar algo de cemento, poner piedra natural y construir algunas jardineras. ¡Y llegó la hora de plantar ! Y claro ..... el "¿y yo mami? ¿y yo?" no podía faltar. Le encanta. Imposible trabajar sin asumir por adelantado que el destrozo va a ser importante. Intentaré describirlo lo más gráficamente que pueda. Para empezar, yo suelo hacer un agujero en la tierra, .... seguida de Pablo que ha obtenido otra palita con su cantinela habitual como no podía ser de otro modo, y que va detrás de mi rellenando mis agujeros. Después, en ese agujero suelo poner un poco de abono y enraizador. En realidad, sólo pude conseguirlo en el primer intento plantador. A partir del segundo renuncié a ese orden .... porque me quedé sin ambas cosas que, explicablemente, pasaron a engrosar una maceta. Después, mi plan incluye coger con cuidado la planta de la maceta de plástico (tengo que reconocer que dos han optado por el suicidio inducido por mano etíope-española), la sitúo en el agujero y la relleno de tierra. Mejor dicho, con una mano me dedico a rellenar y con la otra a parar los intentos de Pablo de hacerlo él mismo con las 7 ó 9 extremidades que tiene. ¡Y lo consigue en cuanto me doy la vuelta! Como consecuencia, una planta fue asesinada al sufrir un tirón de un jardinero amateur y pequeñito que decidió que quería hacerlo él y que, por lo tanto, debía empezar de nuevo. Y por último viene lo mejor: el riego. En este asunto, mi hijo ha impuesto su voluntad. Él es el encargado de regar y no admite oposición ninguna.
Todo eso ocurrió este domingo ... y entre perder los nervios y aceptar ese estado de cosas con resignación, opté por esto último seguido de un baño familiar con espuma y sales. ¡Y por una venganza gozosa a las tres horas de agobio plantador en forma de guerra de cosquillas!
Besos
Mamá





